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Vivan los Novios!


Por T.

Después de ir de boda en boda, presencial a las de mis seres queridos y virtual a las de seres desconocidos en Pinterest, Instagram y en los millones de blogs con esta temática, de todas he sacado una conclusión. En todas, me lo he pasado nivel diosa. A todas les han faltado horas para seguir bailando y bebiendo. Y todas me parecen el mismo estilo a pesar de sus tan diferentes anfitriones.

Cuando era pequeña, tenía claro que llegado el momento iba a montar mi gran boda. O la de Disney. Me enamoré con 10 años de un vestido de novia que le vi a una mujer desconocida que desfilaba hacia un altar en alguna iglesia de Córdoba. Como ya sabemos, una solo puede ir vestida así en su propia boda, lo que hizo que creciera con la idea de querer casarme para ir con ese vestidazo. Recuerdo dibujarlo en todos mis cuadernos. A mi mejor amiga le pedí que el día que me casara me regalara un chimpancé para que me acompañara al altar. El vestido pasaba de moda a la velocidad de mis años y con él mis ganas de montar la ceremonia. Lo del chimpancé también se me pasó. En las bodas de mis amigas, he recibido en varias ocasiones ese precioso ramo tradicional con la etiqueta de ¨a ver si te casas ya¨. Mis queridos aún esperan que haga la gran celebración, consideran que mi matrimonio no es real ya que me casé hace cinco años a miles de kilómetros de nuestros familiares y amigos, y como dice mi marido: ¨primero por amor y luego por papeles¨, en una boda con ningún invitado.

Cómo es posible que sigamos haciendo bodas tradicionales en contra de nuestros estilos. Por qué no somos capaces de romper esta costumbre sociocultural. Por qué si la idea era una boda pequeña se termina en una boda con más de cien invitados en un sitio ideal con lista de espera, un cura o un juez pero siempre un altar, un vestido blanco, un chupito de gazpacho de temporada, un discurso, un baile, un photocall, pelucas o gafas gigantes, un hastag. Respuestas como ¨es que es mucho más fácil montar lo tradicional que innovar¨, son las que me llevan a escribir hoy. Seguimos realizando ritos o costumbres sin saber por qué, sin importarnos si creemos en su veracidad o no.

Nada de esto que voy a escribir es para juzgar ni a los matrimonios ni a sus ceremonias. Los placeres de cada uno son de cada uno y tienen todo mi respeto. A mí me gusta fundirme el dinero comiendo y viajando y no quisiera que nadie me lo juzgara. Voy a tratarlo como un tema de comportamiento social. En general, tenemos una conducta común de no valorar las situaciones por lo que son individualmente sino que actuamos en masa.

¿Por qué un intercambio de anillos? ¿Por qué un anillo de pedida? ¿Por qué un reloj para él? ¿Por qué de blanco el vestido? ¿Por qué con ramo? ¿Por qué los novios no se pueden ver hasta el acto? ¿Por qué tanto gasto para un solo día? ¿Por qué la luna de miel como recompensa? ¿Por qué con tanta gente de compromiso? ¿Sabemos de dónde vienen todos estos rituales? Vuelve a ser tema cultural y social de los que me gusta profundizar.

Probablemente cada uno de estos rituales tuvieron sentido en cada una de las épocas en que se dieron, ya que de alguna forma la sociedad y sus instituciones se estaban construyendo. La entrega del ramo en su momento sería algo como para exponer a esa mujer soltera que iba a recibirlo. Una forma de ponerla en el mercado. El matrimonio y su festejo, llega en la Edad Media como un formalismo para la entrega de la patria potestad de la mujer por parte de su padre al marido. Esa noche se celebraba la noche de bodas, donde la mujer a cambio de entregar su virginidad recibía un regalo de su marido. Hoy el concepto de entrega en el matrimonio, con excepción de algunos países locos, ha cambiado. Pero el festejo no. 

¨ El mejor día de mi vida¨. Así lo describen los novios. Esta parte es muy personal pero, aún no consigo convencerme de que el mejor día de mi vida sería uno en el que gaste tanto dinero con el fin de mostrar el amor públicamente. Ese día, en el que no comeré nada o casi nada porqué estaré haciéndome fotos, saludando a los invitados y con algo de estrés acumulado para que todo salga perfecto. Ese día donde llevaré un vestido de un solo uso que será el más caro que habré tenido nunca. Ese día donde habré concentrado a mis seres más queridos y será el día que menos tiempo pase con ellos. Ese día no puede ser el mejor día de mi vida. Ese día, en realidad, es el día en que montaría la mayor fiesta que jamás volveré a organizar. No dejemos que la sociedad nos envuelva de esta forma. O por lo menos, si nos dejamos envolver que seamos conscientes. 

He visto novios llorar en el mejor día de su vida y separarse en menos tiempo de lo que les llevó organizar su boda. He visto novias comprar un modelito de ropa para cada día de su luna de miel. He visto a novios que no podían emborracharse para no ser juzgados. He visto invitados random para cubrir huecos. He visto carros de gominolas para que no nos de el bajón de azúcar y sigamos bailando. He visto novias muy guapas pero en vestidos equivocados. He visto novias odiando a sus zapatos. He visto photocalls abandonados. He visto llover por encima de la comida. He visto DJs de mil euros pinchando con Spotify. He visto  álbumes de lujo con ausencia de una foto. He visto niños comiendo sus macarrones más caros. He visto a gente peinada por primera vez. He visto novias decir que está prohibido gritar un viva los novios. Todo esto encadenado a un ¨se pasará tan rápido que no te darás cuenta, así que disfruta de tu gran día todo lo que puedas¨.

Por qué no conseguimos hacer las bodas que realmente queremos. Por qué cada vez que alguien se casa nos supone tanto gasto al resto. Por qué los amigos más cercanos tenemos que escribir un monólogo acerca de lo buenas personas que son y que todos ya sabemos. Por qué se dicen un te quiero tan caro. Por qué si ya no mandamos cartas por correo ordinario seguimos mandado invitaciones de boda. Por qué la gente no entiende que esto no le tiene que dar felicidad a todos los novios. Por qué nos siguen metiendo por los ojos este ritual de casarse. Por qué se renuevan los votos de amor. Por qué piden préstamos para casarse.

No digo que la boda perfecta sea la de casarte en las Vegas, o en una playa. Digo que no dejemos de casarnos como nos de la gana solo porque no sabemos salirnos de la cultura tradicional o porque el mercado de bodas nos lo ponga difícil.

Mientras llega el cambio, seguiré siendo feliz disfrutando de las bodas de mis amigos porque como invitada, sí serán los mejores días de mi vida.

Vivan los novios!
Tam



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