Por D.
Estamos a menos de un mes de las elecciones federales en México, y yo voy a votar por primera vez.
Desde que tengo la mayoría de edad y con ello un derecho ciudadano para hacer oír mi voz como parte del electorado, nunca he sentido la necesidad de hacerlo. No por ser joven y desinteresada, más bien yo lo justificaba como un acto de rectitud el no votar por esos candidatos que no acababan de ganar mi confianza. Hasta ahora había preferido poner mi granito de arena en otras partes de la sociedad civil.
Pero esta vez voy a votar porque veo claro que López Obrador no debe gobernar. Truncar las políticas económicas que nos han puesto en el buen camino del desarrollo, es un error. Esta vez, "el cambio" es un error.
En las elecciones de este año tenemos a tres candidatos. Por un lado, tenemos a López Obrador cortando la inercia de las buenas políticas económicas de los últimos tiempos y cuyas propuestas parecen volver al proteccionismo de los 70s que tanto daño hicieron. La propuesta social de Obrador es más de asistencialismo y populismo que de progresismo inteligente. Por otro lado tenemos a Anaya, con propuestas que dan continuidad a las políticas económicas modernas aceptadas como buenas prácticas, pero con una plataforma social de conservadurismo religioso que no comparto. Finalmente el PRI, con un candidato cuya trayectoria es excepcional. José Antonio Meade lleva años en el sector público como parte de la tecnocracia que ha ayudado a México a ser un país líder en Latino América.
En mi opinión Meade es el mejor candidato pero contiende por un partido sin identidad. El PRI, un partido de centro-izquierda, tiene un potencial enorme para posicionarse con ideas económicas sólidas e ideas sociales progresistas. Pero no se atreve a salir del cuadrado del conservadurismo a pesar de no ser un partido de derecha. Y eso precisamente es lo que necesitamos. Necesitamos un partido que no trate de mantenernos bajo viejas ideologías sociales. Sería interesante sentir que un partido nos diera responsabilidad a los jóvenes y apoyara nuestra individualidad. Uno que abra las puertas a ideas más globalizadas, más modernas.
Con independencia de por quién votemos en estas elecciones, les voy a platicar por qué creo que lo que nos hace falta para desarrollarnos como país es un elemento de libertad y responsabilidad.
En México nos hemos enfocado mucho en el desarrollo económico, lo cual es fundamental. Hablamos de inversión extranjera directa, aranceles, infraestructura, telecomunicaciones, etc. Todo eso es necesario pero no suficiente. Aún nos hace falta hablar más sobre el ámbito social, el otro pilar del desarrollo. México tiene fuertes normas culturales que nos encadenan al suelo como con pesas de reos. No hablo de la corrupción. La corrupción existe en todos lados. Hablo de la falta de libertad auto-impuesta como comunidad. De aquellos prejuicios y jaulas invisibles que tenemos los y las mexicanas que nos hacen menos independientes de pensamiento y de acciones. Eso limita nuestra competitividad en los mercados globales pero sobre todo nuestra innovación.
Es hora de cambiar el chip. Es imposible llegar a un desarrollo si las expectativas de la sociedad son limitadas y a los jóvenes nos obligan a llenar esas expectativas. Llamémosle religión, conservadurismo o valores familiares. Nuestro compás moral es muy limitado, es muy colectivista y afecta nuestra visión sobre el futuro y la realidad. Es hora de que cada quien reflexione sobre lo que está bien y lo que está mal y así abrir la mente a nuevas oportunidades. Para esto necesitamos que las viejas generaciones abran paso a las nuevas, para que sigamos la inercia del desarrollo. La idea de que la innovación surge en las sociedades individualistas y menos en las colectivistas no es mía, sino que procede de una larga literatura académica. En México nunca vamos a alcanzar nuestro potencial si no hacemos el cambio.
Es cierto, somos una generación diferente y entiendo que las viejas generaciones tengan sus dudas sobre nuestra sabiduría. Pero para que el mexicano empiece a obtener una identidad más allá de los tacos, el mariachi y el fútbol, necesitamos abrirnos a nuevos paradigmas, sin prejuicios. Somos muchos mexicanos educados con un fuego en el pecho que nos mueve. Dennos chance.
Por otro lado, ¿qué tenemos que hacer los jóvenes para romper con esas tradiciones inútiles? El primer paso es identificarlas. Tenemos que seguir observando a nuestro alrededor y no caer en las viejas normas que servían de algo hace cien años, pero que ahora no son necesarias. Rompamos con esas tradiciones de una manera inteligente. Hagamos proyecciones de nuestras vidas a futuro y planes para alcanzar esas metas. Pero pongamos objetivos hechos a nuestra medida, no a lo que la gente espera de nosotros. Seamos libres de pensamiento, libres de acción y responsables socialmente.
Cuando los jóvenes mexicanos seamos totalmente libres, vamos a empezar a innovar. Sobre todo porque vamos a desarrollar identidades, gustos y hobbies diferentes. Estas identidades van a ser más fluidas y nos vamos a poder adaptar rápidamente a los tiempos cambiantes. Y no solo vamos a ser unos cuantos, sino que nos vamos a juntar y vamos a hacer grupos. Vamos a unirnos a iniciativas "pro-x" y "pro-y". Esta capacidad de asociación, por cierto, es uno de los elementos que caracterizan a los países desarrollados. Cuando no solo respetemos a la familia, sino a otros individuos y asociaciones, se creará el canal para hacer cosas muy interesantes.
En fin, espero que gane el mejor candidato. Pero en el tema social, somos los jóvenes a los que nos toca cambiar el paradigma mexicano.
Nos toca ser libres de pensamiento, alternativos e inteligentes.
Nos toca ser libres de pensamiento, alternativos e inteligentes.
Espero sus comentarios,
D.

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