Ir al contenido principal

Un vino con Laura y las relaciones de amor que no salen en los cuentos


T. Hola Laura, eliges un vinito y te presento!

L. Un Bach (semidulce blanco) porque me lo presentaste tú. Los vinos blancos son casi transparentes como creo que deben ser las personas y éste, además, es dulce.

T. A Laura la conocí en la universidad. Estudiábamos juntas. Bueno más bien ella estudiaba y yo algo parecido mientras me perdía en el espacio y en el tiempo.

Laura nació en Madrid hace 31 añitos. Es economista y ahora estudia cómo ser feliz siendo independiente del mundo. Laura era de esas mujeres que hacen que las demás nos demos la vuelta para mirarla con envidia y de esas, a las que le pedías los apuntes porque era una empolloni que te los dejaba sin problema. Total, su letra era indescifrable. Código balleno o algo así. Algo en ella marcaba una línea muy fina entre ser una persona vergonzosa o insegura. Con los años entendí que era más una falta de confianza en ella misma.

Nos conocemos desde hace más de diez años. Como amiga, he vivido sus relaciones de amor sentada desde el banquillo y alguna vez sacando tarjeta amarilla. Las últimas que tuvo fueron relaciones amorosas tóxicas y cuando esto pasa es muy difícil convencer a esa persona de que está sumergida en un mal amor. Poco puedes hacer más que dar espacio en corto y esperar, si no quieres que se aleje.

Nacemos con la guía de amor básica. La del príncipe y la princesa. Un cuento con final feliz. Pero no nos preparan y nada sabemos del resto de relaciones. No sabemos cómo salirnos o identificar una relación tóxica, una relación con maltrato psicológico, una relación que te hace dependiente de un ser débil pero a su vez más fuerte que tú.

Hoy ella ha conseguido ver estas relaciones desde el banquillo y nos quiere contar la experiencia, ya que por fin tiene la confianza en ella más que en cualquiera y a Enredadas no nos puede hacer más feliz hablar de esto.


T. ¿Crees que una autoestima baja hace de imán para este tipo de relaciones?

L. Sin duda una autoestima baja es el imán perfecto, pero creo que no debemos echarle la culpa. Es decir, la mayoría de nosotras/os tenemos una autoestima baja en algún aspecto de nuestra vida. Nuestra autovaloración en determinadas situaciones está bajo mínimos y el diálogo interno que establecemos en el día a día con nosotros mismos a veces es tan duro que si alguien nos hablase así desde fuera no sabríamos si huir o llorar.

Para algunas personas este día a día cala más hondo o no sabemos canalizarlo hacia afuera para obtener un refuerzo positivo y nos perdemos buscando qué nos separa de ser una persona no merecedora a, sencillamente, tener que trabajar alguna parcela de nuestra personalidad que nos permita confiar más en nuestra forma de ser.

Creo que nuestra personalidad siempre estará condicionada a un montón de situaciones y que en ese caso lo más importante es atreverse a conocerse, saber cómo somos, sin miedo, en todas aquellas situaciones que nos ofrezca la vida y comenzar a hablarnos como merecemos, con más amor y más compasión. Sentirnos libres de ser y de opinar con respeto, más allá de lo que piense el de al lado pues la responsabilidad de quererte por encima de ello es sólo tuya.


T. Si hay un desgaste emocional tan grande, ¿qué es lo que hace que no sea tan fácil salirse? ¿Qué es lo que atrapa?

L. Lo que en realidad te atrapa es, exactamente eso, el desgaste emocional tan grande, aunque suene duro, porque en parte te aturde y te agota. Bajo mi experiencia creo que esto sucede porque te duele ver algunas situaciones (y personas) como realmente son, da miedo pensar en lo que estás viviendo y, si además eres de las personas a las que nos cuesta creer que alguien te pueda querer o que vayas a conseguirlo algún día, la posibilidad de perderlo es muy dolorosa o lo puedes considerar un gran fracaso.

Es por este tipo de pensamientos por los que veo se hacen grandes esfuerzos en nombre del amor para que funcione una relación que incluso probablemente ya había comenzado con mal pie, antes que abandonar. Y cuando tu pareja no te aporta una calidad de vida positiva dejas de sentirte a gusto contigo misma, comienzas a aislarte y a verte encerrada, enfrentada al mundo, y este combo entre el amor y el dolor hace que se dé el mix de emociones perfecto para quedar enganchada en una especie de montaña rusa.


T. Es una relación basada en mentiras, en el control, en ocultar, en celos, en distanciamiento de tu entorno ¿cómo se llega a perder toda esa libertad por alguien así?

L. Pues todo sucede tan gradual que llegas a creer que también es cosa tuya. 

En el comienzo nadie te muestra de golpe los celos, ni el control, ni por supuesto ves las mentiras y esto es casi lo más difícil. Pero, de repente, existen muchas más demandas de tu atención con cualquier pretexto, en momentos inoportunos, demandas que nunca serán satisfechas lo suficiente; o, de la nada, te ves dando explicaciones que no parecen servir de nada por alguna situación que no imaginabas y solo termina la discusión cuando te sientes culpable e incluso pides perdón por algo que no pensabas haber hecho; o sucede que tras adorar muchas de tus cualidades comienzan a menospreciarte por otras en las que no habías reparado o antes ni existían para ti… Puede no afectarte de manera consciente o no hacerlo en el momento, pero estas nuevas situaciones se van acumulando mientras tu sentimiento de culpa se va haciendo cada vez más grande y tú te ves cada vez más chiquita.

A mí me pasó una cosa que aún hoy me sorprende. No supe definir por mí misma que mi pareja era celoso. Lo interpretaba como que era inseguro y temía perderme y bueno, a veces usaba malas palabras y como no estaba en un buen momento, pues lo pagaba con este tema. Según lo cuento me parece complicado no haberlo visto claro, pero juro que le veía con buenos ojos y no se me pasó pensar que sería una de esas personas que por celos, duelen. No lo quise definir así hasta que un día un compañero me dijo “inseguro no, vamos, que es celoso” y lo vi claro, porque no le pude rebatir.

Al igual que éste, pasé por alto todos los detalles negativos que pude el tiempo que el enamoramiento me lo permitió; pero a la postre me he dado cuenta que cuando creía que tenía delante a una persona que me quería aún con sus debilidades, no supe ver que en realidad se aprovechó de ellas y casi de forma premeditada me echó la culpa de todas las situaciones que pudo para hacerme cada día más pequeña, y justo lo hacía en los momentos en los que yo, por unas o por otras, me sentía más vulnerable.


T. ¿Cuál es el miedo para seguir aguantando algo así?

L. Son pequeñas cosas las que te llevan a esta espiral en la que no sabes definir qué es real, qué es justo y qué has podido provocar tú o la otra persona. Te pierdes en intentar mejorar situaciones que no te dan paz. Es una línea muy fina que te va comiendo terreno hasta la total pérdida de libertad. Cualquier nueva situación puede ser un detonante aunque desde dentro esta libertad teóricamente no se pierde, simplemente te vas amoldando a las circunstancias sobre la marcha, algo así como sobrevivir.

Inevitablemente te recoges en ti misma, necesitas tiempo para entender qué sucede y te aíslas, te conviertes en una persona más reservada y comienzas a tener miedo, aunque no te des cuenta, miedo de las cosas que haces por si (le) estás fallando e incluso comienzas a tener miedo de las personas que te rodean porque a veces te ves en problemas que no puedes predecir. Puede llegar un punto en que realmente dudas de ti, de si eres buena persona, buena novia, buena amiga... dudas de tantas cosas que la relación se transforma desde muy pronto en una dependencia emocional muy grande, llegando a ser una necesidad que la otra persona defina quien eres, aunque, por supuesto, nunca llegas a ser lo suficiente.

Hubo un punto de inflexión dónde yo ya sabía que nada iba bien y no podía seguir así, que no era sano, pero aún así no era capaz de abandonar aquella relación y tardé muchos más años en hacerlo. Sentía que recomenzar de cero era una derrota tan grave que no era capaz ni de imaginar mi día siguiente a la ruptura, sentía un vacío tan insostenible que el miedo me paralizaba y la situación que vivía era la mejor opción aunque esto suene grande. No me permitía si quiera soñar con la realidad que podía existir después, un “después” que sí estoy viviendo ahora y que he podido más que comprobar que merece la pena porque el miedo, solo es un aviso y si se decide hacerle caso, la vida merece más la pena que nunca y los resultados sí son para siempre.


T. Cuando te haces dependiente de alguien así, ¿cómo consigues identificarlo y salir?

L. Muchas veces yo también me he hecho esta pregunta. Cómo habrán conseguido identificarlo otras personas que han huido hacia delante de estas relaciones. Creo que lo que de verdad sirve es dedicarte tiempo a ti misma y respetarte, sobre todas las cosas.

Durante el primer año de relación las personas más cercanas de mi entorno tratasteis de ayudarme, pero esto solo tuvo un efecto rebote de miedo. Además, en estas situaciones parece que mucha gente te esté diciendo un estás ahí porque quieres. Pero, la verdad es que si ahora no estoy ahí es porque me quiero, antes tampoco quería estar ahí, lo que pasa es que no me sabía querer lo suficiente. Y, pese a que intenté no cometer los mismos errores y no alejarme de mi entorno, inevitablemente me quedé encerrada en mi mundo. Y tuve que aprender a gestionarlo sola porque, en el fondo, había sido mi elección.

Pero esta situación me proporcionó ese tiempo que necesitaba para pensar y un día me senté y traté de escucharme. No sirvió de mucho, pero seguí intentándolo un día tras otro… Hasta que un día fui capaz de hacerme las preguntas adecuadas: ¿cómo he llegado hasta aquí?, ¿porqué estoy en medio de esta pelea?, ¿qué he hecho?, ¿realmente soy culpable?… Llegué a la conclusión de que aquello no era en ningún momento amor, no podía ser, desde fuera ni siquiera era bonito y pensé reacciona. De esta época aún me guardo una de esas frases motivadoras que se encuentran por casualidad y que me dio fuerzas para salir:

“Un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo”


T. Tu proyecto!

L. ¡Mi proyecto aún está en ciernes! Pero, como bien has dicho, estudio la forma de ser feliz independiente del mundo. Todos estos años de relaciones tóxicas me han servido para darme cuenta de que somos responsables de todas las experiencias que vivimos, que en función del grado de autoconocimiento personal que tengamos éste se refleja en la calidad del mundo en que vivimos. Cómo lo vemos y cómo lo percibimos depende de aquellos matices en los que nos fijamos, lo cual nos conduce también a tener un tipo de relaciones u otras. Pero arreglarlo no se basa en creer que somos más guays que otros, sino en amarnos a nosotros mismos como nunca hemos amado a nadie, a cada poro de nuestro cuerpo y nuestra mente, aún con nuestras luces y sombras, es decir, haciendo también consciente todo aquello que no queremos ver de nosotros mismos.

La responsabilidad ha sido mi gran aprendizaje. La responsabilidad sobre mí, sobre mi vida, sobre mi trabajo aunque no me guste, sobre mi cuerpo, sobre lo que como, sobre con quién estoy, sobre lo que digo y sobre lo que pienso. Es complejo, o lo parece, al principio puede parecer que hay muchos frentes abiertos, pero no es así y poco a poco todo se va aclarando. Solo hay una premisa, el compromiso total sobre ti misma y todo aquello que eliges vivir en tu vida. Tu vida es simplemente tuya y, por tanto, eres capaz de hacerte con ella y dirigirla hacia donde ser feliz.

Mi proyecto es poder transmitir este mensaje a todo el mundo y, para ello, tengo dos planes en mente por los que estoy muy contenta. Uno es colaborar en unos talleres basados en el crecimiento personal, femenino y masculino, como herramienta para empoderarnos y poder alcanzar nuestras metas y tener una vida más plena. El otro es tratar el tema de las relaciones tóxica en mi web personal para ayudar a más personas en esta situación a que, al menos, lo comprendan y se comprendan y ganen la valentía suficiente para seguir creciendo. ¡Espero poder compartir más detalles de estos proyectos en unos meses!


Gracias Tam por tus preguntas, por darme la oportunidad de contarlo, por alegrarte tanto por mí y por haber compartido duramente desde el banquillo estas vivencias tan de cerca. Gracias por tu comprensión y apoyo incondicional. A ti y a todas.

¨No solo duelen los golpes¨. Pamela Valenciano de la asociación Nosotras por el mundo.





Enredadas


Comentarios